Actualizado el: 4 febrero 2025
Trabajar menos. Suena bien, ¿no? Más tiempo para ti, para tu gente, para desconectar. La idea no es nueva, pero ahora está en serio sobre la mesa. En España, además, el plan ya tiene fecha… bueno, más o menos.
¿El problema? No todos ven el asunto tan claro. Empresas, autónomos, sectores enteros se preguntan: ¿cómo hacemos esto sin que se nos venga el mundo encima? Ya sabes, trabajar menos horas y aumentar la productividad no están necesariamente correlacionados.
¿Cuándo empezamos a trabajar menos?
El Gobierno de España, en colaboración con los sindicatos Comisiones Obreras (CCOO) y la Unión General de Trabajadores (UGT), ha firmado un acuerdo (que una ley) para reducir la jornada laboral semanal de 40 a 37,5 horas sin disminución salarial. Según este acuerdo, los convenios colectivos vigentes tendrían hasta el 31 de diciembre de 2025 para adaptarse a esta nueva jornada semanal.
Todo suena muy bonito… hasta que piensas en trabajos como la hostelería o la construcción, donde ya de por sí las jornadas son intensas. ¿Cómo se adaptan ahí? ¿O cómo aumentas la productividad de, por ejemplo, un guarda jurado? Buenas preguntas con escasas respuestas.

¿Quién se verá afectado?
La reducción de jornada no es un traje a medida para todos. De momento, se aplicará principalmente a:
- Empleados a tiempo completo, sobre todo en empresas medianas y grandes.
- Sectores con convenios colectivos que ya estaban tanteando la idea.
- Trabajos con alta carga mental o emocional, porque menos horas podría significar menos estrés y mejor rendimiento.
¿Y qué pasa con los autónomos o las pequeñas empresas? Ahí está el verdadero reto. Reducir las horas no significa que el trabajo disminuya mágicamente. Si no hay un apoyo claro para ellos, esta medida podría acabar siendo desigual.

Estado de la tramitación legislativa
El anteproyecto de ley que propone esta reducción de la jornada laboral ha sido aprobado por el Consejo de Ministros y se encuentra en proceso de tramitación.
Actualmente, está pendiente de los informes preceptivos del Consejo de Estado antes de su remisión al Congreso de los Diputados para su debate y aprobación definitiva. Se prevé que la tramitación parlamentaria concluya antes de diciembre de 2025… «tan largo me lo fiais«, como reza el dicho clásico, ya que aún quedan escollos importantes por superar.
Medidas propuestas en la ley
Además de la reducción de la jornada laboral, la ley contempla las siguientes medidas:
- Registro horario digital: Implementación obligatoria de un sistema digital de registro de la jornada laboral para todas las empresas, facilitando el control y cumplimiento de la normativa.
- Derecho a la desconexión digital: Refuerzo del derecho de los trabajadores a desconectar de las herramientas digitales fuera de su horario laboral, garantizando el respeto a su tiempo de descanso y vida personal.
- Sanciones por incumplimiento: Establecimiento de multas para las empresas que no cumplan con la reducción de la jornada o el registro horario.
¿Por qué dicen que es bueno?
A ver, la teoría suena genial. Menos horas, pero mejor aprovechadas. Algunas ventajas que se suelen mencionar:
- Conciliación: Más tiempo para la familia, amigos o lo que te dé la gana.
- Productividad: En países como Islandia, han probado esto y parece que funciona. Mejoras en rendimiento, menos bajas laborales... ¿Suena bien, verdad?
- Atraer talento: Las empresas que ofrecen condiciones atractivas siempre tienen ventaja.
¿Y los problemas?
Como siempre, no todo es tan sencillo. Algunos retos importantes:
- Costes: Muchas empresas pequeñas ya van justas. ¿Contratar más gente? ¿Pagar extras? Difícil.
- Sectores complejos: ¿Qué pasa con profesiones que necesitan estar disponibles 24/7? Piensa en fontaneros o técnicos de mantenimiento.
- ¿Más estrés?: Si tienes que hacer el mismo trabajo, pero en menos tiempo… Bueno, no hace falta imaginar demasiado, ¿no?
El cómo se implemente será clave para que no sea un «rompecabezas laboral».

¿Qué podemos esperar?
Algunos países lo han hecho bien. Suecia e Islandia son ejemplos de que reducir horas puede mejorar tanto la productividad como la calidad de vida. Pero no siempre es así. Japón, por ejemplo, intentó algo similar y terminó generando desigualdades.
En España, toca ver cómo se adapta esto a sectores tan diferentes. No es lo mismo una gran tecnológica que una pequeña tienda familiar. ¿Habrá flexibilidad o será algo demasiado rígido? Pues… esa es la gran incógnita.

Polémicas y debates
La propuesta ha generado debates en el ámbito político y empresarial. Algunas organizaciones empresariales han expresado preocupaciones sobre el impacto económico y operativo de la reducción de la jornada. Por ejemplo, los líderes de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA) han manifestado su rechazo a la medida y han anunciado que presionarán en el Congreso para oponerse a su aprobación.
Además, partidos políticos como Junts y el Partido Nacionalista Vasco (PNV) han mostrado escepticismo respecto a la propuesta, señalando que podría afectar negativamente a las pequeñas y medianas empresas, especialmente en regiones como Cataluña, donde predominan las pymes. Estos partidos abogan por ayudas específicas para estas empresas y anticipan una negociación complicada en el Congreso.
Dentro del propio Gobierno de coalición, existen discrepancias sobre los plazos y la implementación de la medida. Mientras que Sumar, liderado por Yolanda Díaz, busca una implementación más rápida, el PSOE propone una aplicación más gradual, sugiriendo que la reducción completa a 37,5 horas podría posponerse hasta 2026.
Reducción de la jornada laboral: Reflexión final
Reducir la jornada laboral suena como un sueño para muchos. Menos estrés, más tiempo. Pero no es tan fácil como apretar un botón. Hay sectores y empresas que pueden adaptarse bien. Otros, no tanto.
Aunque la iniciativa busca mejorar la calidad de vida de los trabajadores y aumentar la productividad, también enfrenta desafíos y debates que deberán ser abordados en el proceso parlamentario
Así que la gran pregunta no es si queremos trabajar menos, sino si estamos preparados para hacerlo sin que el sistema se tambalee. Porque, vamos, lo último que necesitamos es complicarnos más la vida.
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