7 errores habituales al gestionar una empresa

7 errores habituales al gestionar una empresa - Cloud Gestion

Actualizado el: 5 mayo 2022

Gestionar una empresa es una tarea complicada, sobre todo en las actuales circunstancias. Sin embargo, hay dos aspectos básicos que pueden ayudarte a mejorar: los aciertos y los fallos. En este artículo nos centraremos en los últimos para mostrarte 7 errores habituales que, en el peor de los casos, pueden acabar en la quiebra.

Todas las empresas pueden cometer estos 7 errores

A continuación te mostraremos cuáles son algunos de los errores más comunes. Para reflejar fielmente la realidad, te mostraremos cuestiones de diversa naturaleza (financiera, humana, organizativa, etc.). Vamos a verlos.

1. No tener en cuenta el «valle de la muerte»

Posiblemente conozcas este fenómeno como el momento posterior a la creación de un negocio en el que los gastos superan significativamente a los ingresos. Si tu empresa está ya asentada, probablemente pensarás: ¿de qué me sirve esto a mí? En realidad, mucho más de lo que te crees. Te lo explicamos con un ejemplo:

Vas a sacar al mercado un nuevo producto. A pesar de haber llevado a cabo un estudio de mercado (altamente recomendable), todavía hay algo de incertidumbre. Afortunadamente, ha tenido buena acogida, pero los gastos de publicidad y comercialización superan a los beneficios obtenidos por este. Nuevamente, estaríamos ante un «valle de la muerte», aunque de menor calado.

Si tu empresa no es capaz de asumir financieramente los riesgos de lanzar un nuevo bien o servicio, estará expuesta a caer. En el mejor de los casos, solamente perderá dinamismo al no poder asumir una expansión de catálogo. Por ello, es esencial que sepas actuar ante periodos de falta de liquidez o de relativas pérdidas.

Obviamente, no hay un método que garantice que un producto tenga éxito al 100 %. No obstante, sí que puedes diversificar las líneas de financiación para evitar que un pequeño «valle de la muerte» acabe haciendo más daño que el grande. Ante todo, la cuestión es siempre la misma: planificar.

2. No controlar los costes fijos

¿Cuáles son los costes fijos a los que tu negocio debe hacer frente este mes? Si no puedes facilitar una respuesta exacta a esta cuestión, es muy probable que estés cometiendo este segundo error. Los costes fijos son aquellos a los que una empresa debe hacer frente siempre (impuestos, pagos a proveedores, servicios, etc.). Vamos a ir uno por uno.

En primer lugar, los impuestos son de naturaleza ineludible, eso está claro. ¿Cómo ahorrar en este sentido? Lo mejor de todo es contratar una asesoría fiscal que te mantenga informado sobre exenciones, subvenciones y ayudas. La clave es cumplir con las leyes tributarias y, a la vez, buscar el máximo provecho para la compañía.

Por otro lado, los pagos a proveedores y los servicios entran dentro de los gastos opcionales, por decirlo de algún modo. No es que sean prescindibles, pero pueden variarse para encontrar ofertas más competitivas. Lo importante es asegurar una buena relación calidad-precio y contar siempre con una adecuada estrategia de selección.

Los costes fijos, como su propio nombre indica, se presentan de manera permanente en el negocio. Es decir, no se deben a ningún contratiempo, por lo que no hay excusas para no planificarlos. En este sentido, un correcto dominio del flujo de caja nos ayudará. Recuerda la premisa: siempre tiene que entrar más dinero del que sale. Parece obvio, pero muchos lo olvidan.

3. No crecer

Muchas personas piensan que «las cosas están bien como están». Precisamente esa mentalidad conservadora es la que ha llevado a la ruina a empresas que tenían todo el futuro por delante. El inmovilismo no beneficia a nadie y, al contrario de lo que se cree, no logra perpetuar los beneficios en el tiempo. Nunca.

Piénsalo bien: la realidad interempresarial está constantemente cambiando. Cada año (y cada mes, si nos apuramos), se montan nuevos negocios, crece el nivel de competitividad y también el de exigencia, por parte de los clientes. Si tu negocio no muestra un perfil dinámico, está abocado a ser superado por todos los factores anteriores.

La propia naturaleza es un reflejo de lo que pretendemos explicarte: no sobrevive el más fuerte, sino el que mejor se adapta. Si tu negocio no se muestra actualizado a los nuevos tiempos, estos acabarán por enterrar tu proyecto definitivamente. Aquello de «renovarse o morir» cobra ahora más sentido que nunca.

Hay muchas formas de crecer y no todas implican una remodelación exhaustiva de la empresa. Por ejemplo, puedes sacar nuevos productos o servicios (esto es imprescindible cada cierto tiempo) o renovar la imagen del negocio. Lo importante es que no des pasos en falso y, nuevamente, que planifiques.

4. No hay cultura empresarial

¿Qué es la cultura empresarial? Si no conoces la respuesta a esta pregunta, tu negocio no la tiene y estás cometiendo otro error. Este concepto se puede definir como el conjunto de normas, formas de actuar y de pensar que comparten todos los trabajadores en un negocio. De esta manera, se crea una imagen distintiva y se refuerza el factor diferencial.

También denominada cultura organizacional, puede ayudar a homogeneizar el trabajo de todos los departamentos. Además, supone un nexo de unión entre la dimensión profesional y la personal de cada empleado.

Pero ¿qué hay «dentro» de la cultura empresarial? Hay casi tantas respuestas a esta pregunta como empresas, pero nosotros vamos a tratar de dar nuestra visión. En realidad, no hay nada. No lo hay, precisamente, porque es tu negocio el que debe crear lo que mejor le convenga en base a su propia idiosincrasia y a la de su plantilla.

Sí que podemos identificar algunos ejes vertebradores, como pueden ser el respeto o la tolerancia. Además, muchas compañías se centran en la búsqueda de talento por encima de la excelencia académica. Otras, en cambio, prefieren centrarse en la motivación y crear influencia más allá de la propia empresa.

5. No hay liderazgo

Un jefe y un líder son dos líneas paralelas que nunca llegarán a encontrarse. Se trata de dos realidades bien diferenciadas que deberías conocer, puesto que marcan la diferencia entre una gestión exitosa y una que, tarde o temprano, acabará fracasando. ¿Sabes cuál es más importante de los dos? Al final de este apartado lo sabrás.

Es muy fácil encontrarse por internet con dos fotos satíricas en las que un grupo de personas (trabajadores) está tirando de un carro. En una de ellas, hay un jefe que se encuentra encima de ese carro y arenga a sus empleados a que tiren más fuerte. En la otra, hay una persona que se pone al frente y ejerce más fuerza que los demás. Ese es el líder.

Últimamente (y afortunadamente) se está otorgando mucha importancia a la búsqueda de las habilidades de liderazgo. Entre ellas, podríamos destacar la comunicación, la empatía, la escucha activa o el carisma. Sorprende que, a pesar de su gran peso, sean pocos los directivos que se proponen desarrollarlas.

Debes saber, sin embargo, que no solo es el máximo directivo quien tiene que «transformarse» en líder. Los jefes de departamento, supervisores y gerentes, entre otros, también deben potenciar sus habilidades en este sentido. Si no, habrá un mal clima de trabajo y, en el peor de los casos, una nula satisfacción general entre la plantilla.

6. No hay innovación

¿Qué pasa cuando en una compañía no se innova? Esperamos que nunca llegues a saber las consecuencias, ya que pueden llegar a ser desastrosas y, en muchos casos, irreversibles. Un negocio que no innova es visto como una opción sin interés por parte del posible cliente. O ni siquiera es visto.

Las nuevas tecnologías surgen, precisamente, para satisfacer necesidades. En este sentido, tu negocio va a presentar necesidades durante todo el tiempo. Por ello, es esencial contar con un departamento de I+D+i que explore las nuevas soluciones y cree otras si es necesario. Este es uno de los secretos del éxito que tienen algunos gigantes tecnológicos que todos conocemos.

Vamos a ponerte otro ejemplo: si sale al mercado un nuevo software de gestión empresarial es, precisamente, porque hace falta. Tú, en cambio, decides seguir llevando manualmente todo lo relativo a los recursos humanos, financieros y corporativos. ¿Qué pasará? Que las empresas que sí apostaron por innovar te acabarán adelantando.

7. No se piensa en el cliente

No pensar en el cliente de forma activa y proactiva puede ser fatal para tu negocio. Tus consumidores, si se sienten desatendidos, se llevarán una gran decepción por haber confiado en una opción que solo les iba a servir a corto plazo. Por su parte, tu empresa no podrá fidelizar clientes y, tarde o temprano, acabará «enterrada» por el boca a boca.

Hemos dejado este error para el final porque está provocado, a su vez, por muchos más errores. Uno de ellos es muy frecuente, y consiste en crear expectativas que superan la realidad. No propongas ofertas que tu negocio no podrá asumir, ya que estarás perdiendo credibilidad entre tu público.

Por otro lado, también es muy común descuidar al cliente una vez que este ha finalizado su relación comercial con la compañía. ¿Por qué tiene que acabar todo en ese momento? El email marketing o los programas de fidelización pueden ser tus grandes aliados si los sabes aprovechar en tu favor.

Son muchos los errores habituales que tu negocio puede cometer a lo largo de su existencia. Evitarlos, solucionarlos y aprender de ellos está en tu mano. No existe una clave para hacer esas tres cosas a la vez, pero hay algo que ya te hemos dicho varias veces y que te ayudará: la planificación.

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